El conflicto de España. La asignatura pendiente de la Memoria Democrática Europea.

Intervención en el Congreso sobre Historia de la Guerra Civil Española organizado por la Universidad de Chipre y el Instituto de Investigaciones Promitheas en Nikosia los días 20 y 21 de Febrero de 2015.

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Introducción
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Situando
la cuestión: El conflicto de España.
·       
Consecuencias de
la guerra en la sociedad Española.
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Visión que sobre la guerra tiene la
sociedad Española y Europea actual.
·       
las
consecuencias de la guerra en la Europa de aquel entonces.
·       
El papel de la Memoria Democrática y
de las instituciones  respecto a la
cuestión.
Buenas tardes
En primer lugar me gustaría agradecer a la Universidad de
Chipre y al Instituto Promitheas su invitación para participar en esta
conferencia.
Como español agradezco el interés que despierta en Chipre la
guerra civil española, un acontecimiento histórico que como veremos aún sigue
siendo una cuestión de actualidad.
Tras una breve introducción sobre la naturaleza y el
desarrollo de la guerra española pasaré a tratar cuatro puntos:
-Las consecuencias de la guerra en la sociedad española
-La visión que sobre la guerra tienen la sociedad española y
europea
-Las consecuencias de la guerra en la Europa de la época
-Para finalizar analizaré el papel de la memoria democrática
y de las instituciones respecto a la cuestión.
Después de mi intervención estoy a su disposición para
responder a las cuestiones que puedan tener sobre el tema que nos ocupa.

Situando la cuestión:
El conflicto de España.
Al
inicio de la guerra, en el año 1936 había en España una joven república que
contaba con apenas cinco años de vida, cuyas actuaciones habían abierto la oportunidad
histórica de solucionar los problemas fundamentales que afectaban a la mayoría
de la población, pero habían provocado a su vez el rechazo frontal de las
clases que ostentaban unos privilegios tradicionales, fundamentalmente
agrupados en terratenientes, militares, la iglesia y una pequeña alta burguesía
emergente. Este rechazo a la pérdida de sus privilegios causó que estos
sectores se apoyaran en el fascismo. Un fascismo que ya había tomada fuerza en
otros países de Europa.
En
el año 1931 se celebraron en España unas elecciones municipales en un ambiente
de rechazo a la monarquía y al rey Alfonso XIII, fundamentalmente causado por
los errores políticos de éste, su autoritarismo al apoyarse en la dictadura del
general Primo de Rivera (1923-1930) bajo su reinado, y por la propia situación
de un país sumido en la pobreza y en clara decadencia post colonial. Las
elecciones fueron planteadas como un auténtico plebiscito entre la monarquía y
la República en el que los partidarios republicanos vencieron en la gran
mayoría de núcleos urbanos, donde los caciques locales y terratenientes no
podían controlar el voto de la población. Ante el resultado, el monarca optó
por exiliarse, proclamándose la II República Española.
Esta
segunda República Española se caracterizó en líneas generales por una
ampliación de las libertades y derechos y por una apuesta decidida por la
cultura, la educación y la mejora de las condiciones de vida de la gente. Se
desarrollaron derechos fuertemente reprimidos durante la dictadura, como el de
asociación, libertad de prensa, libertad de opinión, etc. Conquistas
fundamentales de la República fueron el sufragio universal que hasta la fecha
era solo masculino, la Ley del Divorcio o la Ley
del Aborto, aprobada ya durante la Guerra.
El
propio Estado español comenzó a reconfigurarse durante este periodo,  abriéndose la vía a las autonomías de
regiones con identidad nacional propia. Se eliminó la guerra como instrumento
de política exterior. La pena de muerte quedó abolida. Fue claramente una
ruptura democrática con el periodo anterior.
Aunque la República avanzó en leyes de carácter
laboral, muchas de ellas fueron insuficientes y no llegaban a las peticiones
exigidas por el movimiento obrero, creando tensiones entre los gobiernos de la
República y los sindicatos. Junto a esto la Reforma Agraria no se
acometió con la contundencia reclamada por los sindicatos, especialmente en los
primeros años, expropiándose
 a un reducido número de terratenientes
monárquicos en un intento de reparto de la riqueza. El plan de Reforma Agraria
era muy extenso en el tiempo y el hambre de los jornaleros era inmediata.
La
República llevó la educación, la cultura y la alfabetización a las áreas
rurales. Las Misiones Pedagógicas, la formación de escuelas, la formación de
maestros y maestras, de profesores, la creación de institutos de enseñanza, la reforma
de la Universidad, etc. Toda una serie de reformas educativas que hicieron
avanzar la sociedad española. La Iglesia perdió el control de la educación,
algo que nunca perdonó a la República.
En
este periodo se acometió la laicización de una sociedad fuertemente marcada por
el poder de la Iglesia, llevando a cabo la separación efectiva Iglesia-Estado, desde el respeto a la libertad
de culto.

En noviembre de 1933 ganan las elecciones los partidos
de derechas, comenzando un bienio de retrocesos en los derechos adquiridos.
Este retroceso y la entrada en el gobierno de la Confederación Española de
Derechas Autónomas, un partido autoritario y filofascista, hizo movilizarse a
la población que había traído a España la Segunda República, lo que derivó en la
huelga revolucionaria conocida como Revolución de Asturias de 1934, sangrientamente reprimida por orden del gobierno de derechas
mediante el empleo brutal del ejercito bajo mando del propio Franco.
Este periodo de
retroceso de derechos y aumento de la represión propició el nacimiento del Frente
Popular, coalición electoral que incluía a prácticamente todo el espectro de la
izquierda, y que se hizo con la victoria en las elecciones de febrero de 1936.
Desde ese momento la
derecha reaccionaria comenzó a preparar el golpe de Estado. Parte del Ejército,
la Iglesia y una parte de la derecha se sublevaron contra la República en julio
de 1936.
La propia ciudadanía fue
la que volvió a salir a la calle y frenar en muchos lugares el golpe de Estado.
Se iniciaba así el conflicto de España. El gobierno mantiene el control de las
principales zonas industriales y de la capital del país. Tras la muerte en un
accidente de avión del general Sanjurjo, es el general Franco quien encabeza el
Movimiento. Las primeras semanas transcurren sin que se vislumbre esperanza de
una rápida resolución del conflicto.

Francia propone a los países europeos un pacto
de «no intervención » en el conflicto español, con el fin de evitar
una guerra más general, el cual es firmado unos días más tarde por la práctica
totalidad de estados europeos. El pacto no será respetado por todos, ya que Alemania
e Italia enviarán armas y hombres para fortalecer a los nacionalistas
sublevados, además de intervenir directamente en el conflicto mediante
bombardeos aéreos sobre población civil.
Ante esta farsa de la
no intervención, la URSS comenzará a proporcionar medios de defensa a los
republicanos y numerosos voluntarios de diferentes países, formarán las
Brigadas Internacionales para ayudar al gobierno republicano, entre ellos se
encuentran nacionales de Francia, Alemania, EEUU, Polonia, Irlanda, Chipre y
otros países.
Franco
se autoproclama  “Generalísimo” y jefe de
estado en Burgos.  En Noviembre del 1936,
el gobierno republicano decide refugiarse en Valencia mientras la capital debe
hacer frente a la ofensiva llevada contra ella por el ejército de Franco que se
ve incapaz de tomar Madrid ante la defensa del ejército popular creado para la
defensa de la república, y retrocede frente a la contraofensiva de los
republicanos y de las Brigadas internacionales.
En
Abril de 1937, se producirá uno de los hechos más destacados de la Guerra
Civil. La  pequeña ciudad de Gernika en
el País Vasco es bombardeada durante más de 3 horas por la aviación alemana,
cobrándose cientos de víctimas. El objetivo de este bombardeo era aterrorizar
la población civil.
Con
la evolución de la contienda va disminuyendo el territorio controlado por el
bando republicano. El 15 de Abril de 1938, las tropas franquistas logran
alcanzar el mar Mediterráneo partiendo así en dos la zona republicana, quedando
Cataluña totalmente aislada.
El
bando golpista conseguía así un punto clave para poder preparar una dura
ofensiva contra la ciudad de Barcelona. Las fuerzas republicanas lanzan un
contraataque mediante la batalla del Ebro. La batalla más cruenta, dura y larga
que termina con la retirada republicana. A partir de entonces el camino hacia
Barcelona para los nacionales está despejado 
y en enero de 1939, Barcelona será tomada por estos.
La
frontera entre Cataluña y Francia recibe largas filas de refugiados, más de
400.000 civiles y combatientes, que huyen de la futura represión. La caída de
Cataluña acelera la descomposición interna de la República, que finaliza con un
golpe dentro del propio bando republicano que precipita la caída de Madrid y el
final de la guerra civil el 1 de abril de 1939.
Algunas
características generales del conflicto defendidas por los mayores expertos en
la materia podrían resumirse en:
-La
represión republicana fue mucho menor en términos cuantitativos que la
represión Franquista. La cual además no termina al finalizar la guerra, sino
que se mantiene al acabar el conflicto.
-El
bando sublevado gozó de superioridad militar gracias a la implicación directa
de las potencias fascistas. Alemania e Italia ayudaron a los rebeldes, siendo
su apoyo una de las causas fundamentales en el desenlace final de la guerra
-Aunque
países como la URSS o México ayudaron a la República, Francia e Inglaterra mantuvieron
una política de no intervención que en la realidad se tradujo en una pasividad
que perjudicó a la República.
-La
guerra duró tres años por la estrategia del alto mando franquista y de Franco
en particular, que veía en la situación de guerra el contexto adecuado para
realizar una auténtica limpieza ideológica que hubiera sido difícil de
justificar en caso de un triunfo rápido del golpe.
Consecuencias de la guerra en la
sociedad española y en su posterior desarrollo histórico.
Las consecuencias de la Guerra civil han marcado de una
manera determinante la historia posterior de España, transformando la realidad
material, social y sociológica del país de una forma radical y duradera.
A las consecuencias comunes a cualquier otra guerra se suman
las consecuencias de un conflicto caracterizado por la limpieza y persecución
ideológica junto con el fanatismo religioso. Dichas consecuencias enlazan
directamente con la propia naturaleza del régimen que surge de este conflicto y
que se mantendrá en España durante cuatro décadas. Podemos decir que a día de
hoy tanto la sociedad española como el propio Estado tienen muchos elementos
que provienen directamente de las consecuencias de aquel conflicto.
Las consecuencias demográficas se caracterizan por un aumento
de la mortalidad y un descenso de la natalidad que marcaron la pirámide de población
durante generaciones. A lo que debemos añadir un aumento de la orfandad y de la
población femenina en situación de viudedad. El impacto en pérdidas humanas de la guerra fue considerable. Se
estima que las víctimas de la contienda superaron el medio millón de personas,
incluyendo los muertos en combate, los represaliados en la retaguardia, la represión
masiva durante la guerra y los ejecutados por los vencedores tras la guerra.
El exilio forzoso de muchos represaliados durante la guerra y
sobre todo después de finalizar la misma guerra es difícil de cuantificar. Si
bien los historiadores manejan cifras de cientos de miles de personas que dependiendo
de su situación geográfica y de sus posibilidades económicas optaron entre
salir por mar hacia países sudamericanos o hacia Inglaterra. La mayor cantidad
de población salió de España por tierra cruzando los Pirineos a Francia por su
cercanía y su creencia de buena acogida, que enseguida se demostró como falsa
creencia, ante el internamiento de los españoles en campos de concentración.
Evidentes fueron las consecuencias materiales con la destrucción
de las ciudades, la estructura económica o el patrimonio artístico. Junto a la
mayor parte de la industria destruida o seriamente dañada nos encontramos con
pérdidas en el mundo agro ganadero. La situación de las arcas del estado es
pésima al haber contraído además el bando ganador deudas importantes por la
compra de armamento mediante créditos.
La guerra fue una verdadera catástrofe económica. Un dato
revelador es la caída brutal de la renta per cápita, la cual no recuperará el nivel de 1936 hasta
la década de los años cincuenta.
Es importante también reconocer las consecuencias
intelectuales que supusieron el fin de la denominada Edad de Plata de las
letras y ciencias españolas. La mayoría de intelectuales, académicos y
científicos de mayor prestigio habían defendido la legalidad democrática de la
II República, lo que les obligó a partir al exilio durante la guerra o al
finalizar el conflicto debido al carácter revanchista e intransigente del bando
ganador, empeñado en «depurar» responsabilidades y perseguir a
quienes no hubiesen apoyado su «cruzada» contra el marxismo.
Evidentemente las consecuencias políticas son de gran alcance
significando el final del periodo democrático más importante de España para ser
sustituido por una dictadura sangrienta y represiva, que se prolongará durante
cuatro décadas.
Las consecuencias políticas se caracterizan en primer lugar
por una represión brutal primero durante la guerra y después durante cuarenta
años con mayor o menor intensidad, no sólo sobre toda oposición política, sino
además sobre quienes no acatasen y cumpliesen las costumbres religiosas
católicas más tradicionalistas. En segundo lugar se caracterizan por la
limpieza ideológica llevada a cabo, siendo prohibidos y perseguidos partidos y
sindicatos de todo tipo. Obligando incluso a las organizaciones que lucharon en
el bando vencedor a disolverse o integrarse en un Partido único, el  Movimiento Nacional directamente controlado
por el dictador.
El desenlace del conflicto trajo consigo
la recuperación de la hegemonía económica y social de la oligarquía
terrateniente, industrial y financiera mientras son eliminados los derechos
adquiridos por los trabajadores en la última década.
Podemos concluir que la consecuencia política central
del conflicto de España fue la imposición de un nuevo régimen dictatorial, de
corte fascista, autoritario y ultra conservador, en un país devastado material
y económicamente. Un régimen aliado de la Alemania nazi y la Italia fascista,
pero sumamente oportunista a la hora de mantener buenas relaciones con los
países Occidentales como Gran Bretaña, EEUU y Francia, utilizando para ello el
espíritu anti comunista, que Franco sabía punto en común con importantes
sectores políticos de estos países.
La
guerra supuso una verdadera fractura moral del país. Varias generaciones marcadas por el sufrimiento de la guerra y la
represión de la larga posguerra.
El
régimen de Franco nunca buscó la reconciliación de los españoles y siempre recordó y celebró su origen bélico. Las heridas de la
guerra civil perduraron durante decenios y la persecución y represión de los vencidos fue un rasgo clave del
franquismo. 
Las consecuencias de la
guerra en la Europa de aquel entonces.
La Guerra Civil española ha sido considerada por muchos
historiadores como el preámbulo de la Segunda Guerra Mundial puesto que supuso
un enfrentamiento indirecto entre las potencias del Eje y la Unión Soviética, y
un escenario en el que entraban en conflicto las principales ideologías
políticas que entonces convivían en Europa y que entrarían en conflicto abierto
poco después: el fascismo, la democracia de tradición liberal y los diversos
movimientos revolucionarios, fundamentalmente marxistas pero también
anarquistas.
La guerra civil Española trascendió más allá de lo que es un
conflicto nacional, ya que en muchos otros países, especialmente en Europa, la guerra fue entendida como parte del conflicto
político internacional que acabaría plasmándose en la II Guerra Mundial. Para Alemania
e Italia, España fue terreno de prueba de nuevos métodos de guerra. También en
menor medida para la URSS. Para Gran Bretaña y Francia, el conflicto suponía
una contradicción entre sus modelos de democracias liberales y su miedo o
animadversión al Comunismo. Finalmente pesó más el conflicto latente con la
ideología marxista, lo  que hizo que
estos dos países trataran con suma benevolencia a quién a priori pudiera
parecer su enemigo natural por su cercanía a la Alemania nazi de Adolf Hitler y
la Italia fascista de Benito Mussolini.   
Durante los primeros
años de la Guerra en Europa, el régimen de Franco mantuvo unas relaciones
estrechas con Alemania e Italia, situándose claramente como aliado de estos
países y colaborando con sus ejércitos, en el frente Oriental a través
fundamentalmente de voluntarios reclutados por las organizaciones sobre las que
se sustentaba la recién nacida dictadura.
Este posicionamiento
con el eje es el que proyectó en toda Europa la clara sensación de que con la
derrota de Alemania e Italia, la caída del Régimen de Franco era inevitable.
Una esperanza que albergaban de manera especial los cientos de miles de
Españoles repartidos por todo el planeta, muchos de los cuales se encontraban
luchado en Europa bien bajo el mando Soviético en Europa Oriental, bien bajo el
mando de los aliados occidentales.
Pero  como es sabido por todos, el destino de
España no fue el que parecía el más probable a ojos de la Europa de aquel
momento durante el transcurso de la II Guerra mundial. Y la dictadura no solo
no cayó junto a sus aliados alemanes e italianos sino que se mantuvo durante
cuarenta años con la ayuda y colaboración de muchos de los países que se batían
en combate hasta 1945 contra los aliados de Franco. Es fundamental por lo tanto
analizar las causas que permitieron esta contradicción histórica que descolocó
la visión política de buena parte de Europa en general, y de los exiliados
españoles en particular.
A
la hora de analizar y comprender cómo se mantienen en el poder los vencedores
del conflicto de España una vez derrotados sus aliados en 1945 debemos comenzar
por señalar los movimientos estratégicos de Franco a partir del año 1942,
orientados precisamente a evitar una entrada de tropas aliadas en el entonces
aún hipotético caso de que estos resultasen vencedores de la II Guerra Mundial.
Pero también con el objetivo de mantener determinadas relaciones comerciales con
Gran Bretaña que eran fundamentales para la subsistencia económica del país.
La
no intervención directa por parte del ejército español en la II Guerra Mundial,
aunque respondiese en realidad a la auténtica incapacidad del mismo para entrar
en un conflicto de tales dimensiones recién acabada una guerra de tres años en
el interior, ayudó a que los aliados pudiesen «vender» una imagen de la
dictadura de España como país neutral y no como aliado de Hitler.
Pero
es fundamentalmente la incipiente Guerra Fría lo que explica que la II Guerra
Mundial no acabe con la caída de los triunfadores del Conflicto Español,
acabando así con las esperanzas de cientos de miles de represaliados y
perseguidos en el interior del país, y de cientos de miles de exiliados.
Para
las potencias occidentales vencedoras de la II Guerra Mundial, el régimen de
Franco suponía en la práctica que la URSS no tuviese un aliado en un punto tan
estratégico como la Península Ibérica, entrada al mar mediterráneo y puente
entre Europa y África.
Franco
y quienes vencieron en el conflicto español habían hecho del anticomunismo uno
de sus principales argumentos para justificar su insurrección. Y el régimen que
instauraron mantuvo ese espíritu de bastión ante el comunismo, primero como
aliados de Hitler, pero después desde el calculado alejamiento de los
perdedores de la II Guerra Mundial. Pero siempre manteniendo esa confrontación
con la idea marxista y con los países que la representaban en aquel momento,
fundamentalmente la URSS.
Esto
es por tanto lo que permite a Franco mantenerse en el poder y evitar cualquier
intervención de los aliados al finalizar la contienda en Europa. Situando estos
hechos en el embrión de lo que ya se estaba gestando y que caracterizaría el
mundo en las décadas posteriores, la conocida como Guerra Fría entre los dos
bloques, comunista y capitalista.
La
visión que Europa Occidental o mejor dicho sus gobiernos, van a tener a partir
de entonces sobre Franco se puede asemejar con aquella afirmación de Kissinger
sobre el dictador nicaragüense Somoza: «Es un hijo de puta, pero es
nuestro hijo de puta». Aunque es cierto que
el desenlace del conflicto Europeo supuso en un primer momento el aislamiento formal
de España en el campo internacional y la retirada de embajadores de casi todo
el mundo. Pero no es menos cierto que el aislamiento en lo diplomático fue solo
una cuestión formal.
Y finalmente las relaciones internacionales españolas, contaron
con el apoyo de EE.UU, pasando a formalizarse a principios de los años
cincuenta gracias al ambiente de confrontación de la Guerra Fría.
Visión que sobre la guerra tienen la
sociedad española y europea actual
Es imprescindible comenzar la cuestión de la
«Guerra Civil Española» advirtiendo del gran error de fondo que
recorre tanto el campo del estudio histórico del asunto, como de la divulgación
del mismo, especialmente en el ámbito de la educación escolar en la propia
España. Un error de nefastas consecuencias para la elaboración y divulgación de
la historia del conflicto español basado en el axioma de la imposible
objetividad de quienes no somos equidistantes ideológicamente. La trampa ha
condicionado el estudio de nuestra historia, pero sobre todo ha condicionado la
divulgación de la misma, especialmente en el currículum escolar, pues a primera
vista, y para los observadores poco avispados, la afirmación puede parecer
sumamente correcta: equidistancia = Objetividad. Y así lo han asumido los planes de enseñanza en España
desde el final de la Dictadura Franquista.
Esta afirmación errónea e interesada es
la que ha permitido desarrollar un relato falsario sobre el conflicto, sobre
sus causas e incluso sobre sus consecuencias.
Este relato pivota sobre la imagen de
una Guerra Civil entendida de manera vulgar como una pelea entre hermanos, una
contienda entre dos bandos incapaces de entenderse, reduciendo de manera
irresponsable desde el punto de vista de quien pretenda estudiar, entender y
divulgar la historia, los antecedentes estructurales y los precipitantes
coyunturales del conflicto, a una enumeración de fechas y acontecimientos
concretos.
Nos encontramos ante un relato en el que
se obvian las condiciones y características socio económicas de la España de
los años veinte y treinta del siglo xx provenientes de un Estado que desarrolló
con mucho retraso y de manera paupérrima su revolución industrial y que jamás
conoció una revolución burguesa ni un cambio profundo en las estructuras post
feudales amparadas por la Monarquía, el ejército y la iglesia como actores
principales.
Relato que sitúa por ello los
antecedentes y las causas del conflicto de manera exclusiva en lo acontecido
durante la II República Española entre los años 1931 y 1936, justificando
incluso las razones del inicio de la guerra en los supuestos errores cometidos
por los gobiernos republicanos y en el supuesto riesgo de revolución comunista.
Si queremos actuar con rigor histórico tenemos que
ser rotundos a la hora de definir de que estamos hablando cuando queremos
explicar con sencillez lo que es la Guerra Civil española:
El asalto violento a la legalidad democráticamente
constituida, con el objetivo de evitar mejoras políticas y sociales para la
mayoría social que suponían la alteración del statu quo del país y la pérdida
progresiva de privilegios de las clases dominantes. Amparado y justificado
dicho asalto por el supuesto peligro en que se encuentra siempre la patria o la
civilización en general ante la amenaza del comunismo, en un clima de agitación
política.
Todo ello con los decididos apoyos de otros poderes fácticos,
léase oligarquías, ejército e Iglesia, que con el transcurso de los meses y las
primeras victorias rebeldes se termina convirtiendo en un pretendido movimiento
de media España alzada en armas contra la supuesta «barbarie
marxista», como justificación del golpe.
No hay nada más maniqueo que este falso esquema de
las dos Españas. Poner al mismo nivel al legítimo gobierno elegido en las
urnas, con una parte del ejercito en rebeldía, es dar crédito moral a la
traición a la democracia y en el fondo, coincidir en la estrategia política del
régimen franquista, que, avalada por sus historiadores e ideólogos, pretendía
imponer la tesis de que los españoles habíamos superado la guerra civil, y que
gracias al régimen, este capítulo estaba cerrado, pues en realidad, todos
habían sido igual de barbaros, y lo mejor era olvidar y buscar la
reconciliación de todos los españoles. Como si la reconciliación fuera
incompatible con el análisis riguroso de la verdad histórica.
La II República llegó de manera democrática y
pacífica, tenía una constitución y un parlamento que acogía incluso a partidos
que buscaban su destrucción. En su gobierno se alternaron coaliciones de
derechas y de izquierdas. Todas las «supuestas dudas sobre la legalidad
republicana» surgieron ya iniciada la guerra de la mano de intelectuales
franquistas, como muchas otras manipulaciones históricas, para justificar
precisamente una rebelión militar.    
La equidistancia nada tiene que ver con la
objetividad, ni con la verdad histórica. Querer ser equidistante es
precisamente no tener en cuenta
la realidad objetiva de los protagonistas. No siendo eso democrática y
moralmente posible, tratar de ser equidistante es decididamente ser benevolente
con los ilegalmente sublevados y despreciar la legalidad democrática de la II
República. La neutralidad reduce a unos, a «nacionales» y otros a
«rojos», y eso es además de injusto, antiacadémico desde el punto de
vista del estudio de la historia, puesto que unos estaban en rebelión militar
contra el sistema democrático establecido, y otros defendían, fueran o no
republicanos, la legalidad vigente. Es imposible ser objetivo dando a ambos
bandos la misma categoría moral y de derecho.
Así pues, la objetividad nace
precisamente de no ser equidistante. La investigación histórica en nada va a quedar empañada por el reconocimiento de la
realidad moral y jurídica de cada bando.  Las teorías revisionistas donde
se afirma que todos fueron igualmente responsables y que hay que contemplar la
guerra civil desde un punto de vista equidistante, aparte de terriblemente
injustas son históricamente erróneas por su subjetividad.
 El papel de la memoria
democrática y de las instituciones respecto a la cuestión.
La muerte de Franco y la llegada de un régimen de
libertades y democrático con la Constitución de 1978 no supuso un proceso de
aclaración de lo que había ocurrido en España durante la guerra, pero sobre
todo, de lo ocurrido desde 1939 hasta la propia promulgación de la Constitución
de 1978, ni mucho menos de reconocimiento de las víctimas de la dictadura a
diferencia de los procesos que han vivido países que han salido de dictaduras
similares ( Alemania, Chile, Sudáfrica, Guatemala…).

Esa carencia en recordar los hechos vividos
supuso un falso olvido, institucional que no social, inducido y políticamente
interesado por los herederos políticos y sociológicos del franquismo e incluso
un intento de equiparar el periodo republicano con el franquismo, llegando a
justificar la “necesidad” del golpe del 18 de julio dado el “desconcierto
republicano”.

Con ello se consolida lo que algunos
historiadores han descrito como “modelo español de impunidad” dado que a la ausencia
total de respuesta institucional sobre los crímenes del franquismo se une la carencia
de un reconocimiento, reparación y compensación a las víctimas de la dictadura.

Los tímidos avances que se han podido dar en la
última década para la recuperación de la memoria democrática española, han sido
posibles solo gracias al esfuerzo de los resistentes antifranquistas, de muchas
de las víctimas, represaliados y sus allegados, bien a nivel particular bien a
través de organizaciones sociales y partidos políticos
de izquierda. Su trabajo se ha centrado no solo en el reconocimiento de su
lucha y su papel en la recuperación de las libertades sino también en dar
testimonio de los crímenes y aberraciones del franquismo a fin de constatar de
forma indubitada la realidad de lo acontecido y poder  contar con una memoria histórica rigurosa que
pueda ser transmitida a las siguientes generaciones.
Sin verdad no hay justicia, por ello el proceso
de recuperación de la memoria histórica se haya vinculado de manera inseparable
al concepto de justicia, esto es, no habrá justicia con las víctimas del
franquismo y de la guerra en tanto en cuanto no se produzca dicho proceso de recuperación.
La historia entendida como construcción social
del recuerdo de lo sucedido tiene que tener como elemento fundamental una
proyección pública de la memoria evitando restringirla a ámbitos privados.
Siendo responsabilidad de las autoridades democráticas y las instituciones habilitar
los mecanismos institucionales necesarios para que esta memoria tenga una
proyección pública legislando en este sentido. Esta cuestión no ha sido abordada
de manera determinante aún por las instituciones democráticas españolas, a
pesar de que debemos reconocer los tímidos avances que trajo la Ley de Memoria
Histórica aprobada por el Congreso Español en el año 2006.
Hace tan solo unos meses reivindicaciones
históricas en este campo han tenido respuesta institucional gracias a la Ley de
Memoria Histórica de Andalucía. Si bien, una ley que solo afecta a una
Autonomía y no al conjunto de España.
Así, cuestiones como la introducción de la
memoria democrática en los planes de estudios, son recogidas en esta normativa,
o como un plan para la retirada de la simbología y nombres franquistas de las
calles, con posibles sanciones a los ayuntamientos que no cumplan con la norma.

La participación de la administración pública en
la búsqueda de desaparecidos y la exhumación de fosas comunes marcará, del
mismo modo, uno de los rasgos más significativo de esta ley, completando un
perfil que se ajusta a la perfección a la normativa internacional en derechos
humanos.

El texto que llega al Parlamento supera el marco
legislativo estatal y, además, dotado de presupuesto para su puesta en marcha,
poniendo a Andalucía en primer lugar de la reparación de las víctimas del
franquismo dentro del estado Español, poniendo así en evidencia la paralización
por parte del gobierno del PP de las políticas de memoria que coloca a nuestro
país en el negro agujero de la carencia de derechos fundamentales como son la
verdad, la justicia, la reparación y las garantías de no repetición. 
  

Para terminar, permítanme recordar a Ezekias
Papaioannou, luchador por la libertad y la democracia en España:
“Siguiendo
las mejores tradiciones de sus antepasados griegos, los héroes de la guerra de
independencia, los chipriotas se unieron a la lucha de España por la democracia
y la independencia, entendiendo que una derrota del pueblo español supondría la
guerra mundial. En los campos de batalla españoles se decidía el futuro de
Europa y con él el de Chipre. Reconocieron al fascismo como el mayor enemigo de
la humanidad y se unieron para aplastarlo. Muchos chipriotas yacen enterrados
en suelo español, murieron luchando contra el fascismo. Chipre está orgullosa
de sus hijos heroicos caídos en la lucha antifascista, pero la lucha no ha
acabado. Lucharemos contra el fascismo hasta erradicarlo de la faz de la
tierra”.
Muchas
gracias

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