No vengáis con flores rojas al cementerio, la izquierda está viva.

Hace un par de semanas murió Santiago Carrillo, un hombre con sus luces y sus sombras en la historia de la izquierda, pero un hombre que al fin y al cabo fue durante largo tiempo el máximo representante de  la izquierda que representamos nosotros, siendo en aquel tiempo secretario general de mi partido, el Partido Comunista. Un partido que forma hoy en día parte de una  organización plural y amplía como es Izquierda Unida. Sin ser más ni menos que las demás gentes de izquierda que comparten con nosotros este proyecto, siendo los comunistas uno más, para sumar, junto a ecologistas, republicanos, socialistas de izquierda etc…
Y es especialmente ilustrativo observar como se ha tratado a Santiago Carrillo desde los medios de comunicación, o sea, desde el poder, (porque los medios de comunicación hoy en día no son mas que herramientas de expresión de los poderosos, son en su inmensa mayoría voceros de los grandes grupos corporativos que controlan la economía y la política) y viendo el trato que le dieron a este hombre, podemos entender como estos mismos nos tratan a la izquierda alternativa y transformadora. A la izquierda anticapitalista y republicana que en Euskadi es Ezker Anitza-Izquierda Unida.
Porque durante décadas demonizaron a esta persona y a todo lo que representaba. Le dijeron al pueblo que los “rojos” eran asesinos, que buscaban la ruina del país y la miseria de la gente. Aseguraron que lo que proponían era una quimera y  persiguieron a la izquierda, asesinando incluso a muchas personas que compartían estas ideas.
Solo cuando Carrillo cedió, e hizo concesiones abandonando importantes reivindicaciones para evitar un nuevo baño de sangre, solo entonces empezaron a decir que era un hombre de estado, que había aportado a la democracia etc…
Porque a la izquierda solo nos toleran cuando no ponemos en riesgo sus privilegios y el status quo por el que una minoría en el mundo, en España y también en Euskadi viven a cuerpo de rey a costa del sufrimiento y el esfuerzo de la mayoría. Solo entonces nos toleran.
Nos permiten llevar una camiseta del Che Guevara, pero hay de nosotros, como se nos ocurra de verdad defender las mismas ideas que el asesinado revolucionario.
Pues que lo tengan claro, Ezker Anitza-Izquierda Unida es una organización compuesta por mujeres y hombres dispuestas a luchar por esas ideas hasta sus últimas consecuencias. Somos como las mujeres y hombres que nos precedieron, gentes dispuestas a sacrificar lo más sagrado, si hiciera falta, para mantener viva la lucha por un mundo justo, sin explotadores y explotados, sin privilegios, sin las desigualdades económicas inmorales que vemos todos los días.
Y hace un par de años murió un compañero y ejemplo como Marcelino Camacho, otro hombre al que los poderosos y sus medios de comunicación maltrataron y persiguieron en vida. A este,  aún más que a Carrillo porque no lo consiguieron ni doblar ni domesticar, y le dijeron de todo, por ejemplo por parecerle insuficiente y oponerse al Estatuto de los trabajadores. Hoy ese estatuto podría llamarse estatuto contra los trabajadores tal y como lo han dejado después de las dos últimas reformas laborales, la del PSOE y la del PP. Las dos.
Pero eso sí, haciendo gala de la hipocresía más chabacana de la derecha, cuando  mueren dirigentes como Carrillo y Marcelino, entonces desfilan delante de sus féretros todos aquellos que denostaron sus ideas, que las maltrataron, que mintieron,  manipularon y las silenciaron para que la gente ni siquiera pudiera conocerlas.  Muestran sus respetos a las familias y realizan declaraciones alabando los valores de los muertos, alabando unos valores que ellos no solo no han compartido nunca, sino que han denostado siempre.
Así se entiende el trato que le dan a Izquierda Unida, a Ezker Anitza. Nos intentan silenciar en los medios de comunicación, manipulan nuestros mensajes con titulares que nada tienen que ver con lo que decimos o directamente mienten sobre nosotros para confundir a la gente. Unas veces nos tratan como anécdota ( con casi dos millones de voto en el estado), otras de idealistas (con cientos de propuestas reales solo en nuestros programas electorales) y otras, directamente de “enemigos” de la democracia.
No queremos un trato hipócrita, porque eso es engañar a la gente. Las mujeres y hombres  de esta izquierda defendemos ideas que no comparten los poderosos y la derecha que les representa. Así que se lo decimos bien clarito; “No vengáis con flores rojas al cementerio,  la izquierda está viva”.

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