Nuestro enemigo de clase; la moral del esclavo.

50 años de la primera
comisión Obrera de Gipuzkoa y no han cambiado tantas cosas en el mundo del
trabajo.
Durante los años
sesenta y setenta del pasado pero reciente siglo veinte, las condiciones de
trabajo de la inmensa mayoría en nuestro país eran precarias y la capacidad de
los trabajadores para defender y conquistar sus derechos venía duramente
condicionada por una dictadura reaccionaria en la que la relación de fuerzas
entre patrones (empresarios) y obreros estaba claramente inclinada del primer
lado.
En plena dictadura, el
7 de Agosto de 1966 se realizó en Zumarraga una asamblea de trabajadores en la
que se constituyó la Comisión Obrera de Gipuzkoa, germen en la provincia de lo
que luego serían las Comisiones Obreras. Muchos de los presentes serían
juzgados y condenados por aquella iniciativa.
El pasado viernes asistí
a la celebración del 50 aniversario de aquella asamblea y después de escuchar
las duras condiciones de vida en las que vivía la clase trabajadora en los años
sesenta, y de cómo aquellos trabajadores se organizaron para defender sus
derechos en un ambiente de total represión. Un veterano y conocido militante de
la izquierda vasca que había participado en aquella histórica asamblea, me
explicaba como al hacer sindicalismo se jugaban el puesto de trabajo, la cárcel
e incluso la vida.
Cincuenta años después
de aquello, y en plena “democracia” quizás no nos jugamos la vida porque
sabemos que no va a aparecer la brigada político social por nuestro taller a
preguntar al patrón “¿quién es el de las reivindicaciones? ¿Qué vinculación
política tiene?”. Pero no han cambiado tantas cosas a la hora de la defensa de
nuestros derechos. Sigue existiendo una precariedad laboral que además se
extiende y generaliza gracias a las políticas de los últimos años, y sigue
siendo muy complicado hacer sindicalismo y defender nuestros derechos en los
puestos de trabajo.
El pasado viernes, unas
horas antes de la conmemoración de aquella histórica asamblea, pude comprobar
una vez más como la realidad actual no dista tanto de la de aquellos convulsos
y duros años. Ante la convocatoria de elecciones sindicales en una pequeña
empresa de transporte de Ormaiztegi, la empresa se las apaño para que la
mayoría de los trabajadores dieran la espalda al trabajador que intentaba que
hubiera representación sindical para pelear contra unas condiciones de trabajo
precarias (exceso de jornada, horas extras que no se pagan, salarios bajos,
falta de calendario laboral, irregularidades varias…) las cuales ya venían
siendo denunciadas por dicho trabajador. 
La presión de la empresa y el miedo hicieron que media plantilla firmase
al patrón un documento en el que expresaban su voluntad de “no querer
representación de los trabajadores”. El resto de compañeros guardó silencio y
nadie se atrevió a votar.
No era la primera vez
que yo veía una cosa así en una empresa Gipuzkoana, pero cuando se lo comentaba
al viejo militante al que he aludido antes, me encontré con una respuesta que quizás
no me esperaba: “No me sorprende, porque aun con todo lo duro que te he contado
que era hacer sindicalismo en la dictadura, ahora es peor. Porque entonces te
reprimían, pero en los trabajadores había rebeldía y aunque no todos lo hacían
en público, apoyaban la lucha. Ahora hay miedo al despido, a las represalias en
la empresa etc… pero no es solo miedo, lo que ha pasado en esa empresa es que
los trabajadores han asumido la explotación, la precariedad y la servidumbre como
lo natural, y eso es peor que la más dura de las represiones”.
El viejo camarada
conoció las cárceles de Franco por hacer política y sindicalismo. Pero admitía
que hoy en día no estamos mejor, incluso en algunos aspectos estamos peor y
vamos a peor. Hoy en día, nuestro principal enemigo como trabajadoras y
trabajadores quizás no sea tanto el patrón, ni los gobiernos de derechas, la
troika o el capital. Esos enemigos ya estaban y seguirán mientras haya
capitalismo, hoy nuestro mayor enemigo es la moral del esclavo.

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