El Gobierno Vasco lleva años precarizando la sanidad pública vasca.

La falta de personal, las desorbitadas tasas de temporalidad, el agotamiento físico y emocional, la sobrecarga sistemática de trabajo, estrés, ausencia de reconocimiento, desprotección, descuido de la salud laboral y nula disposición ante las necesidades de conciliación son algunos de los motivos que han llevado a los y las trabajadoras de Osakidetza a realizar tres jornadas de huelga general por territorio histórico durante las últimas semanas. Las y los profesionales de la sanidad denuncian además la ausencia de diálogo y la carente política sobre negociación colectiva que en los últimos años han caracterizado a las direcciones de Osakidetza y al propio Gobierno Vasco.

Ante la convocatoria de huelga general que se ha llevado a cabo en la sanidad pública vasca, es el momento de que el Gobierno Vasco deje atrás una década de dar la espalda a las reivindicaciones de los sindicatos de la sanidad pública, porque lo que está en juego junto a sus condiciones laborales, es la calidad de nuestra sanidad pública.

Con lo sucedido desde el pasado mes de marzo, toda la sociedad ha sido consciente del alto grado de responsabilidad y compromiso ejercido por las y los profesionales de Osakidetza y no podemos admitir que las reivindicaciones de quienes han mostrado tal grado de compromiso ante la ciudadanía, respondan a intereses peregrinos, corporativistas o simplemente lo hagan alentados por no sé qué malévolas intenciones políticas de los sindicatos. Menos aun cuando la protesta es general,  coinciden en ella todos los sindicatos, grandes y pequeños, los sindicatos de clase pero también los sindicatos profesionales. ELA, LAB, CCOO, UGT, ESK, SATSE sindicato de enfermeras o el Sindicato médico de Euskadi. Todos.

Si en un momento tan delicado como este, esos mismos profesionales han decido apostar por realizar huelgas, es decir, apostar por el último recurso que tienen siempre las y los trabajadores para defender sus derechos, y más aún, lo han hecho en un momento donde saben que la afección a la ciudadanía es mayor que en cualquier otra situación. Es porque llevan muchos años alzando la voz y encontrándose con un muro en el Gobierno Vasco ante sus demandas.

En el Pleno de Control del pasado 30 de Octubre interpelamos a la Consejera de Salud sobre la respuesta que creía conveniente dar a los planteamientos y demandas que han llevado a los sindicatos de Osakidetza a convocar las huelgas mencionadas. Porque el Gobierno Vasco tiene que dar una respuesta ágil y potente a quienes se vienen jugando la vida desde marzo por la salud de la gente. La consejera respondió prácticamente con un resumen del conservador programa de Gobierno en materia de sanidad. Una respuesta decepcionante para quienes vienen denunciando que el modelo de sanidad del Gobierno Vasco es el que está deteriorando la sanidad pública en Euskadi. Una respuesta decepcionante para quienes denuncian que con la convocatoria de plazas que defiende el Gobierno apenas se van a cubrir bajas y jubilaciones. Una respuesta decepcionante para quienes ya conocían ese programa de gobierno cuando decidieron convocar una huelga general bajo un lema tan tajante y categórico como el “hasta aquí hemos llegado”.

El Gobierno Vasco lleva años precarizando las condiciones de trabajo del personal de la sanidad pública vasca, años de recortes abiertos y encubiertos, años de pérdida de peso de los recursos que se destinan a sanidad y años de políticas de externalizaciones y privatizaciones, que si no han sido más contundentes ha sido por la oposición y movilización de las y los profesionales de Osakidetza. Profesionales que no están dispuestos a guardar silencio mientras observan la paulatina degradación de la sanidad pública. Trabajadoras y trabajadores que en los últimos meses han salido a la calle a decir abiertamente que hasta aquí han llegado. No es solo la pandemia la que tiene cansados y hartos al personal de Osakidetza, sino la década larga de confrontación con un Gobierno que impulsa en sanidad las políticas contrarias a las que reclaman quienes sostienen la sanidad pública con su trabajo cotidiano. Trabajadores y sindicatos cansados de un Gobierno al que hay que sentar en mesas de negociación a base de constantes movilizaciones, de un Gobierno que miente descaradamente sobre su relación con los sindicatos, asegurando que negocia cuando apenas informa. Un Gobierno que cuando alcanza acuerdos con los representantes de los trabajadores se permite el lujo de incumplirlos.

El modelo gerencialista implantado por el Gobierno Vasco, propio del neoliberalismo, somete a los y las profesionales sanitarias a una situación de sobrecarga que empuja a relegar la relación con los pacientes, la salud pública y la prevención, olvidando y marginando en la práctica el modelo comunitario de salud. Se trata a la población como clientes que consumen sanidad. Las consecuencias de todo esto son la desregulación y privatización del sistema sanitario, el sometimiento a las políticas empresariales, la pérdida y deterioro de los derechos de los trabajadores sanitarios, la desaparición del modelo actual de Primaria, el aumento del gasto sanitario innecesario y el deterioro de la calidad y acceso a los servicios para la población. Sin duda, la actual crisis sanitaria ha agravado la situación, pero han sido las políticas de los últimos años y el debilitamiento progresivo del sistema sanitario los que verdaderamente han lastrado la respuesta al coronavirus y los que han provocado que en estos momentos el personal tenga que realizar su labor en condiciones extremas.

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